Annexe: Els hebreus a Egipte

No hay ni una sola evidencia de que los israelitas estuviesen en Egipto. No hay pistas, ni arqueológicas ni históricas, que prueben que construyeron monumentos de ninguna clase allí.”

Estas palabras del arqueólogo Israel Finkelstein reflejan una idea muy repetida en medios de divulgación en las últimas décadas: no hay ningún indicio que apoye el relato del Éxodo de los israelitas de Egipto.
En cambio el egiptólogo David Rohl tiene una respuesta muy sencilla: esto se debe a que están buscando en la época equivocada.
Y no, que nadie piense que este hombre es el típico religioso fundamentalista que ve pruebas de la Biblia por todas partes. Como diría un señor con el que hablé hace poco, él es “abstemio” (es decir, que no es creyente).

Y ahora vamos con una breve explicación del lío:
Tradicionalmente se había considerado que el Éxodo había tenido lugar hacia los siglos XV ó XVI antes de nuestra era, de acuerdo con la propia cronología interna de la Biblia. Pero en el siglo XX se generalizó la idea de que en realidad había sucedido en el siglo XIII, en época del faraón Ramsés II (como se refleja en cualquier película sobre la vida de Moisés). ¿Y eso por qué?

Pues por una forma de interpretar Éxodo 1:11:

“Por eso los egipcios pusieron capataces encargados de someter a los israelitas a trabajos muy duros. Les hicieron construir las ciudades de Pitón y Ramsés, que el faraón, rey de Egipto, utilizaba para almacenar provisiones”.

La versión Dios Habla Hoy y otras muchas usan el nombre “Ramsés”, mientras que otras, coincidiendo con el diccionario bíblico Strong usan la forma “Raamsés” o “Ramesés”. Bien, pues como el nombre se parece al del famoso faraón Ramsés II, algunos han llegado a la conclusión de que esta ciudad es “Per-Ramsés”, la capital del susodicho faraón, que además fue edificada con mano de obra esclava.
Además de esto, otra evidencia de que el faraón del Éxodo era Ramsés II es que…
Ah, no, creo que ya no hay más evidencias.

Sin embargo, sí que hay algunas evidencias de que el faraón del Éxodo NO fue Ramsés II. Por ejemplo, que vivió varios cientos de años después de la época que la propia Biblia atribuye al Éxodo. O que su ciudad, Per-Ramsés, era la capital de su reino, mientras que la Raamsés que costruyeron los esclavos hebreos era una ciudad de depósito, como dice el propio versículo (¿o qué pasa, que solo hacemos caso de una parte del versículo y de la otra no?). O que Per-Ramsés la hizo construir el propio Ramsés II, mientras que la Raamsés que construyeron los hebreos empezó a construirse antes de nacer Moisés, quien en el tiempo del Éxodo tenía ya 80 años. Y no solo eso: muchos años antes, en tiempos de José, ya se empleaba ese nombre para referirse a una región (según Génesis 47:11), de modo que parece tratarse de un nombre relativamente común, que significa “Ra lo ha engendrado”, y por tanto no hay razón para relacionar el nombre necesariamente con Ramsés II. No obstante, David Rohl plantea que incluso el nombre podría ser una adaptación de un editor posterior, que alude a un lugar antiguo por el nombre que era conocido en su época.

Aun así, si algún lector desea atacar la exactitud histórica de la Biblia, es mejor que acepte Éxodo 1:11 (o mejor solo una parte) y que acepte la interpretación de que corresponde a Ramsés II. Porque así podrá decir que no existe ninguna prueba histórica del Éxodo.

Pero si hacemos lo que propone David Rohl, buscar varios siglos atrás, ¿qué indicios vemos que sí encajan con el relato bíblico?

En primer lugar, para situarnos un poco, la época en que se esclaviza a los hebreos descendientes de Jacob -alias Israel- sería el segundo período intermedio de Egipto, ya en la dinastía XIII (que, dicho sea de paso, coincidiría según esta cronología con la época del famoso rey de Babilonia, Hammurabi). Quizá fuese el faraón Sebekhotep III o algún antecesor quien decidiera esclavizar a los israelitas. (Ah, por cierto; el nombre de trono de este faraón es Sejemra Seuaditauy, que significa Poderoso es Ra, que hace florecer las Dos Tierras; o sea que incluir al dios sol Ra en los nombres no era raro, como podría pasar con Raamsés). Aquellos eran tiempos más difíciles para un faraón que los tiempos de Amenhemhat III, el faraón que tan poderoso se había hecho en vida de José. Los faraones de esta dinastía eran más débiles, lo que explicaría (pero no justificaría, claro) que el faraón fuese tan paranoico como para hacer lo que dice Éxodo 1:8-14:

“Más tarde hubo un nuevo rey en Egipto, que no había conocido a José y que dijo a su pueblo: “Mirad, el pueblo israelita es más numeroso y más poderoso que nosotros; así que debemos hacer algo para impedir que sigan aumentando, porque podría suceder que, en caso de guerra, se pusieran de parte de nuestros enemigos para pelear contra nosotros, y se fueran de este país.”
Por eso los egipcios pusieron capataces encargados de someter a los israelitas a trabajos muy duros. Les hicieron construir las ciudades de Pitón y Ramsés, que el faraón, rey de Egipto, utilizaba para almacenar provisiones. Pero cuanto más los maltrataban, más aumentaban. Así que los egipcios les tenían mucho miedo.
Los egipcios esclavizaron cruelmente a los israelitas. Les amargaron la vida sometiéndolos a rudos trabajos: preparar barro y hacer adobes, y atender a todos los trabajos del campo. En todo esto los israelitas eran tratados con crueldad.”

¿Hay algún indicio arqueológico de todo esto? Pues sí, resulta que en esta época, la gente que habitaba la zona de Gosén, en el delta del Nilo (la zona habitada por los hebreos según la Biblia) no era egipcia, sino proveniente de Palestina o Siria; se ha encontrado gran cantidad de restos de cerámica originaria de la tierra de Canaán. Además, hay restos de gran cantidad de ovejas asiáticas de pelo largo, lo que muestra que eran pastores, como los israelitas del Génesis, y gran cantidad de armas en las tumbas de varones, lo que indica que era un pueblo guerrero. Este último dato podría coincidir con detalles como el del capítulo 14 de Génesis, en el que los hebreos bajo el mando de Abrahán atacaron a un ejército mesopotámico para liberar a sus compatriotas prisioneros. Y podría también explicar el temor de los egipcios.

Las tumbas de esta zona y esta época aportan más detalles significativos, así que volveré luego a ellas. Antes, quiero mencionar cierto papiro.

Brooklyn 35_1446

Al papiro en cuestión le han dado el poético y exótico nombre de papiro Brooklyn 35:1446, y es de unos 10 ó 15 años antes de nacer Moisés, según la cronología de Rohl. Este papiro recoge un decreto del faraón Sobekhotep III para una transferencia de esclavos. La mitad de los 95 nombres de esclavos son nombres semitas (como Menahem, Isacar, Aser, Sifrá) y aparecen registrados en idioma semita junto con un nombre egipcio que se le había asignado a cada uno. Todo esto podría corroborar que en la región del delta (Gosén) la población israelita era muy numerosa, y que muchos de ellos, si no todos, habían sido esclavizados. Lo curioso es que en esta época no hubo ninguna campaña militar en la zona de Canaán; ¿de dónde salen tantos esclavos asiáticos?

Pero volvamos a las tumbas (como le diría el Dr. Frankenstein a su ayudante). Lo normal en aquella época es que entre el 20 y el 30% de enterramientos fuesen niños menores de 18 meses. Pero en este caso, en aquella región del delta del Nilo poblada por semitas y en aquella época en particular, la cantidad de niños muertos se dispara nada menos que al 65%. ¿A qué se puede deber? La verdad es que no lo sabemos, pero sin duda, este dato encaja muy bien con el relato de Éxodo 1:22:

“El faraón, por su parte, ordenó a todo su pueblo: “Echad al río a todos los niños hebreos que nazcan; solo a las niñas dejadlas vivir”.

Desde luego, esto podría explicar que en aquella comunidad semita de aquella época se muriera una cantidad tan grande de bebés varones y no de niñas.
De todos modos, también es cierto que en el papiro mencionado antes, la cantidad de esclavas de la lista supera a la de esclavos por tres a uno. Poniéndonos a conjeturar, esto podría indicar que aquel genocidio de varones israelitas no habría sido el primero…

Font
La Biblia: reflexiones y curiosidades
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